En días pasados, mientras discutía con un amigo sobre la sentencia impuesta a Emilio Palacio por su artículo “Camilo, El Matón”, él, ferviente simpatizante del régimen, me dijo que esto no atentaba contra la libertad de expresión. Le pregunté porque pensaba así y respondió que la pena impuesta al Sr. Palacio es por las “injurias y calumnias que hasta ahora en el juicio no se han podido demostrar.”
Respeto su opinión, pero puedo refutarla.
Libertad de expresión es poder decir lo que pienso, sea lindo o feo. El problema aquí, es que cuando a algún funcionario público no le gusta lo que dicen sobre él, porque le parece “feo”, van y le lloran a su mamá. Lamentablemente, la mamá es el Estado. Se declara que lo que se dijo son puras “injurias y calumnias” y se busca la manera de meter preso al autor de aquellas palabras. Es así de sencillo.
Y es ahí cuando dejamos de ser una patria “libre y soberana”, pues al decir libremente lo que opino, me meten presa. Entonces, la solución para ser libre es no hablar libremente. Un poco injusto creo yo, pero injusto o no y como si no fuera suficiente, hasta se está tratando de aprobar una ley de comunicación que hace legal el no poder expresarnos.
Pero el problema no acaba aquí. Esto va mucho más allá de la sentencia impuesta al articulista de Diario El Universo.
El día de hoy, me invitaron a un programa de radio para que dé mi opinión de la ley en cuestión. Antes de salir de la casa, me despido de mi mamá y ella me dijo con un tono de preocupación: “Mijita, cuidado con lo que dices, te puedes meter en un lío.”
Me subí al carro consternada. Pensé mucho durante el camino. En ese momento me di cuenta de que Correa y sus secuaces ya consiguieron su objetivo. Consiguieron que les tengamos miedo.
Sí, así es, y por eso tenemos miedo de hablar, de decir las cosas de frente. La oposición no se ha pronunciado en meses. De vez en cuando sale uno que otro en frente de cámaras, dice un par de cosas y se vuelve a perder. Pocos son los que se mantienen firmes, los que alzan la voz, y a esos pocos se los quiere meter presos.
Es por eso, que ahora más que nunca, debemos decir lo que pensamos. Debemos opinar, criticar, no quedarnos callados. Dejar el miedo a un lado, no darle el gusto al gobierno de guardar silencio.
Apoyo a Emilio Palacio. Ojalá se los juzgue de manera justa y no se violen sus derechos y su libertad de expresarse. Pero recordemos que esto va más allá de la sentencia que le fue impuesta. Lo que realmente se está sentenciando es la libertad de expresión del país, y no a 3 años como a él, sino a cadena perpetua.
El día de mañana la sentenciada puedo ser yo por escribir estas líneas o puede ser usted por estar de acuerdo conmigo.
La nación entera se está sentenciando al silencio.

